Los niños son especialmente sensibles y receptivos a los estímulos que les rodean, por eso los colores, además de estimularles visualmente, afectan a su estado de ánimo y les producen sensaciones emocionales.
A partir de los seis meses comienza a distinguir la mayoría de colores, siendo los tonos vivos y brillantes los que más le atraen.
El lenguaje de los colores representa, para muchos, un complejo alfabeto que, bien combinado, permite la comunicación de sentimiento, estados de ánimo, deseos anhelos.